Carta del Director 317
Dicen que las personas nunca se van del todo mientras alguien siga hablando de ellas, recordándolas o continuando aquello que comenzaron. Después de cuatro años, puedo decir que esa frase tiene mucho de verdad.
Este agosto se cumplen cuatro años desde que Jesús ya no está. Curiosamente, también es el mes en el que celebro un año más de vida. Durante mucho tiempo me pareció una contradicción difícil de entender, pero hoy creo que ambas cosas pueden convivir en el mismo corazón. Porque la vida continúa, nos sigue regalando motivos para sonreír, mientras el recuerdo de quienes amamos encuentra nuevas maneras de permanecer con nosotros.
Cada año, al escribir estas líneas, vuelvo inevitablemente al origen de la Carrera Jesús Romero. Pienso en Jesús, en su pasión por correr, por el turismo y, sobre todo, en la forma tan especial que tenía de conectar con las personas. Sin embargo, este año hubo algo que me hizo mirar esta historia desde un lugar diferente.
En esta edición encontrarán una nota muy especial contada desde la mirada de quienes han estado con nosotros desde la primera carrera: nuestros voluntarios (el staff). Personas que, sin esperar reconocimiento, han regalado su tiempo, su esfuerzo y su entusiasmo año con año para que este proyecto sea posible. Familia, amigos y personas que decidieron sumarse a una causa que, con el paso del tiempo, también hicieron suya.
Mientras leía cada uno de sus testimonios entendí algo que quizá antes no había logrado poner en palabras. Jesús fue la razón por la que todo comenzó. Pero con el paso de los años entendí que el verdadero propósito de esta carrera siempre han sido las personas a las que hoy podemos ayudar. Él nos mostró el camino; ustedes han hecho posible que ese camino siga cambiando vidas.
Porque al final, detrás de cada inscripción hay una historia que vale la pena. Yo he tenido el privilegio de conocer a muchas de las personas que reciben este apoyo y de ver en qué se convierte el esfuerzo de todos. Es ahí donde realmente entiendo que esta carrera ya no solo habla de Jesús; habla de solidaridad, de empatía y de la enorme capacidad que tenemos de cambiar la vida de alguien cuando decidimos unirnos por una buena causa.
Pero hay otra razón por la que esta carrera existe y que nunca quisiera dejar de recordar.
Más allá de correr cinco o siete kilómetros, más allá de las medallas o de cruzar una meta, está el mensaje que dio origen a todo esto: la importancia de cuidar nuestra salud.
No siempre está en nuestras manos cambiar el rumbo de una enfermedad, pero sí está en nuestras manos cuidar de nosotros, escuchar a nuestro cuerpo y atender cualquier señal a tiempo. Hacernos un chequeo, acudir a una revisión o animar a quienes amamos a hacerlo nunca será tiempo perdido.
A veces postergamos estudios, consultas o revisiones por falta de tiempo, por miedo o porque creemos que “seguramente no es nada”. Ojalá esta carrera también nos recuerde que cuidar de nuestra salud nunca debería quedar al final de nuestra lista de prioridades.
Ojalá nunca tengamos que vivir una experiencia difícil, para comprender el enorme valor que tiene detectar a tiempo cualquier enfermedad. Ojalá esta carrera no solo inspire a las personas a ponerse los tenis, sino también a hacerse ese estudio que han estado posponiendo, a acudir al médico o, simplemente, a recordar que cuidar de nuestra salud es una de las mayores muestras de amor hacia nosotros mismos y hacia quienes nos esperan en casa.
Gracias a quienes han estado desde la primera edición y a quienes se han ido sumando en el camino. Gracias a nuestros patrocinadores, corredores, voluntarios, familiares, amigos y a todo el equipo que hace posible este proyecto. Ustedes han demostrado que un acto de generosidad puede convertirse en esperanza para muchas personas.
Cuatro años después, sigo convencida de que el mejor homenaje que podemos hacerle a quienes amamos no es únicamente recordarlos, sino permitir que su legado siga transformando vidas. Mientras exista alguien dispuesto a correr, a tender una mano y a recordar la importancia de cuidar la salud, Jesús seguirá presente en cada paso que demos.
Fabiola Campos Campos
Directora General
ABZ Turístico





